AEROPUERTOS: Aeropuerto de la zona sur es un rompecabezas con piezas incompletas

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Aunque existen razones válidas para construir un aeropuerto internacional en la Zona Sur de Costa Rica, el asunto es como un rompecabezas, donde las piezas están incompletas y además, dispersas en diferentes manos.

Además, existe ausencia de un trabajo en equipo, falta información fundamental sobre las oportunidades y los riesgos, que permita al gobierno, municipios, pobladores y demás actores interesados tomar una decisión informada en cuanto al futuro de la obra.

Esas son parte de las conclusiones a que llegó Katiana Murillo Aguilar, Periodista y especialista en Turismo Sostenible, en una investigación para el Stanford Woods Institute for the Environment, de la Universidad de Stanford, Estados Unidos, elaborado a petición de la Iniciativa Osa y Golfito (INOGO).

El trabajo, de 64 páginas, ofrece 66 citas con 101 notas de pie de página, y entrevistas a más de una veintena de autoridades del Poder Ejecutivo, municipales, campesinos, ambientalistas y científicos, entre otros. El documento sostiene que hay razones válidas, en particular las preocupaciones de los pobladores de la Zona Sur en relación con el tema del empleo y de los ingresos familiares, que justifican el análisis de opciones para mejorar la competitividad regional, estimular las micro y pequeñas empresas y diversificar las fuentes de trabajo y de ingresos.

“En este contexto, analizar la posibilidad de dotar a la región de un aeropuerto internacional es un ejercicio válido en la medida en que se realice en forma informada, amplia e integral”, apuntó. Para Aguilar el proyecto de construcción de un aeropuerto internacional en el sur despierta la ilusión de aquellos que lo consideran como una oportunidad para exportar sus productos y para atraer más turismo extranjero. Sin embargo, la exportación no está considerada en la futura operación de la obra, lo que contradice las expectativas de muchos productores.

En lo que corresponde al turismo, resalta, hay que destacar que actualmente la actividad turística en la Zona Sur permite una distribución amplia del ingreso de divisas en las comunidades, logrando un efecto multiplicador importante. Por otro lado, de darse un ingreso masivo de turistas y la consecuente expansión en la oferta de infraestructura y servicios, se podría estar cambiando para siempre el modelo de turismo que caracteriza a la región, sin que necesariamente esto se traduzca en mayores beneficios para la población.

El análisis del aeropuerto y de temas asociados como el turismo, la competitividad regional y otros han sido abordados de forma separada por entidades como la Dirección General de Aviación Civil (DGAC), el Instituto Costarricense de Turismo y el Ministerio de Economía, Industrias y Comercio (MEIC), por lo que hasta el momento no existe una visión integral.

Sobre el particular, Murillo Aguilar sostiene que “el asunto del aeropuerto es como un rompecabezas donde las piezas están incompletas y además dispersas en diferentes manos. Además de la ausencia de un trabajo en equipo, falta información fundamental sobre las oportunidades y los riesgos, que permita al gobierno, municipios, pobladores y demás actores interesados tomar una decisión informada en cuanto al futuro de la obra”.

Si se construye, el aeropuerto debiera ser una pieza dentro de un proceso de planificación regional integral y no el eje a partir del cual deba esperarse el desarrollo, con el riesgo -en caso de un crecimiento en la demanda- de repetir la experiencia de Guanacaste que tanto se quiere evitar, advierte.

Además, en el contexto actual, no hay garantía de que algunos de los patrones del desarrollo turístico e inmobiliario masivo y desordenado que se han dado en Guanacaste no se repitan en algunos destinos de la Zona Sur, como resultado directo de la construcción y entrada en operación del aeropuerto.

“Uno de los riesgos existentes es que el turista que llega a la zona y que se caracteriza por ser educado, amante de la naturaleza y de la cultura local, en muchos casos de altos ingresos y que huye del turismo masivo, pueda ser desplazado por otro de naturaleza light, que prefiere la estadía en resorts todo-incluido y que deja menos ingresos en las comunidades. Este cambio de perfil podría atraer inversiones hoteleras grandes con servicio completo, que podrían competir con muchos de los pequeños establecimientos de hospedaje predominantes hoy día, así como con los proyectos de ecoturismo, turismo rural comunitario y turismo cultural. También podría incrementar la demanda de servicios como agua potable, electricidad y carreteras, cuyas inversiones generalmente caen en manos de las instituciones públicas”, afirma.

Asimismo, da cuenta que también existe el riesgo de que el país invierta US$42 millones y que el proyecto no resulte atractivo para actores como líneas aéreas, cadenas hoteleras e inversionistas inmobiliarios. “Este resultado (que es posible dadas las condiciones de crisis de la economía internacional) no generaría el efecto “Guanacaste” que muchos temen, pero habría llevado al país a gastar importantes recursos financieros en una obra de escaso impacto en la dinamización de la economía regional”, puntualiza Murillo Aguilar.

Reconoce que si bien es cierto que la DGAC ha asumido con la responsabilidad del caso el tema de los estudios de impacto ambiental como un factor determinante en cuanto a la continuidad del proyecto, ni esta entidad ni el ICT están estudiando los posibles cambios en los perfiles de turistas que llegarían a la región ni tampoco el impacto que esto tendría en el modelo de turismo predominante hoy día en la región y que se basa en una oferta de micro y pequeñas empresas.

“Podría ser una posición simplista asumir que el modelo se va a mantener aunque con un flujo mayor de personas. Para el ICT, sus referencias siguen siendo sus planes nacional y regional de turismo sostenible, que se elaboraron sin incluir al aeropuerto internacional, cuando aún esa variable no se había concretado”, señala.

Propone que una comprensión adecuada de la dinámica natural y de la capacidad de carga del conjunto de los ecosistemas terrestres, marinos y costeros de la región, así como contar con instrumentos como los planes reguladores (que a la fecha de este estudio no han sido aprobados), puede ayudar a determinar el impacto de una obra como la propuesta más allá de su entorno inmediato.

Murillo Aguilar ahonda que para comprender su magnitud, es necesario tomar en cuenta los tipos de inversiones asociadas que la obra podría atraer, como redes de carreteras, marinas, resorts todo-incluido y desarrollos inmobiliarios asociados a segundas viviendas.

En cuanto a otros aspectos ambientales, indica que no es conveniente dar por hecho, como lo hace el plan maestro del aeropuerto, que el riesgo de inundación se minimizaría con la existencia de una represa hidroeléctrica que aún no ha sido construida.

Por otra parte, reconoce que es fundamental determinar el impacto de la construcción del aeropuerto sobre posibles yacimientos arqueológicos, entre los que destacan las esferas de piedra precolombina que el país busca declarar ante la UNESCO como Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En el tema de vulnerabilidad y la atención de emergencias, está claro que contar con un aeropuerto internacional sería de gran beneficio para las labores de evacuación y movilización de equipo y alimentos. Sin embargo, al igual que sucede con el tema turístico, si esto no viene acompañado de una infraestructura vial adecuada y, más aún, adaptada a los escenarios de riesgo y vulnerabilidad climática para la región, el panorama serían comunidades aisladas con solo un punto de conexión con la capital, afirma Murillo.

El cómo lograr que el turismo crezca cuantitativa y cualitativamente de manera que beneficie a las comunidades de la Zona Sur en forma directa e integral es un asunto que debe analizarse con cuidado para determinar en qué medida un aeropuerto internacional es una inversión necesaria o no y, de concretarse, cómo garantizar que el mismo y todos los demás procesos que desencadene respondan a las necesidades y expectativas de los pobladores de la Zona Sur.

Murillo Aguilar propone que es importante que el tipo de desarrollo que se quiere y puede producirse en la Zona Sur se discuta, consulte y construya con los diferentes sectores y comunidades de forma consensuada, coordinada y transparente, donde participen las diferentes instancias privadas y gubernamentales. “Esta discusión debiera trascender el tema de las expectativas de los pobladores, para incluir también información que aporte a la viabilidad y posibles resultados de las decisiones que se tomen”, propone Murillo Aguilar.

Fuente: http://www.elpais.cr

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