“Oh Cielos!” de Max Astorga

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Max Astorga es piloto de línea aérea y se desempeñó por más de 35 años como capitán en material de aviones como Boeing 707, 727, Mc Donnell Douglas DC10 y Boeing 767s, entre otros. Comenzó su formación aeronáutica en el Club Aéreo de Santiago en 1958, para ingresar un año más tarde a la entonces Línea Aérea Nacional (LAN), en calidad de primer oficial durante cinco años, para luego ser ascendido a capitán en 1965, cargo que ocuparía hasta su retiro de la compañía en el año 2001.


Paralelamente, ha desempeñado una serie de funciones administrativas y académicas entre las cuales destacan Jefe de Pilotos de LAN Chile entre 1970-1972, piloto instructor e inspector designado de la Dirección de Aeronáutica, cargo que ocupó hasta su retiro como piloto de línea aérea. Desde entonces ha continuado desempeñándose como piloto instructor y examinador delegado por la DGAC de Chile. En su extensa carrera como piloto ha registrado más de 27.500 horas de vuelo, de las cuales 12 mil horas son en calidad de piloto instructor.


Su pasión por la aviación lo ha llevado a escribir acerca de aspectos interesantes de la rutina diaria, semanal, mensual y anual del ambiente aeronáutico. Entre sus obras más destacadas están: “Volando pasaron los años”, recopilación de cuentos donde cada narración trata de un tema diferente como una apología a los pilotos antiguos, el tema de los simuladores, la meteorología, la mitología aérea, el amor y otras situaciones asociadas a la aviación; “El penúltimo huracán”, narraciones basadas en historias de los tripulantes que estuvieron durante el huracán Andrews en Florida; “¡Oh Cielos!” que relata las desventuras de un piloto de línea aérea que sufre con sus amores y situaciones que parecen imposibles;  y “Desde el azul del cielo”, su más reciente publicación.


 


 Extracto de “¡Oh Cielos!”


Hace unos 37.600 días atrás –aproximadamente- que el ser humano finalmente diseñó un prototipo aéreo que pudo volar, piloteado por un semejante y por primera vez en las alturas, se escucharon los tosidos incipientes del motorcito de dos tiempos. Llorando igual que un recién nacido al hacer su aparición en el espacio. Hoy día –en este instante- miles de aviones vuelan por los cielos con una seguridad asombrosa. Despegando y elevándose a su nivel de crucero para luego descender y aterrizar con cualquier tiempo ¿siempre fue así? Veamos…


El despegue…


“La pista mojada empezó a deslizarse debajo de nosotros a medida de que el DC-3 tomaba vuelo. A nuestros costados, el ruido cálido de los cilindros radiales y de las hélices sobaba rítmicamente a medida que acelerábamos. En el instante en que el capitán levantaba el avión de sueño, sonó un chasquido, un ruido seco dentro cockpit. Sorprendido, vi que su asiento se descarriblaba y se deslizaba velozmente hacia atrás. Instintivamente el piloto se aferró del volante, semicurvo que unos segundos antes manejaba e inmediatamente se nos perdió el horizonte y quedamos mirando hacia el cielo gris”.


El crucero…


“El indicador de presión del motor estaba oscilando notoriamente, indicando una falla inminente. Miré hipnotizado el motor que agonizaba, observando como las temperaturas subían y las presiones bajaban, hasta que las revoluciones discordaron con la de los otros motores. Al comandante no le habían regalado el título y sabía lo que tenía que hacer. Rápidamente redujo el acelerador, apagando el motor y apretó el botón que embanderaba la hélice. Mientras le pegaba un feroz codazo al ingeniero de vuelo.-¡Dame potencia máxima en los otros motores!”-.


El aterrizaje…


“La atmósfera en el cockpit era electrizante, mientras el avión descendía, siguiendo las instrucciones constantes del controlador, que no cesaba de hablar y corregía continuamente grados, nudos y razón de descenso. El DC-6 parecía haberse detenido en el tiempo y los parabrisas estaban vacíos. Parecía que nos hallábamos suspendidos en el espacio. -¡ahí está la pista! Exclamó alguien. ¿Cuál pista? No lo sé, solo vi una planicie de cemento envuelta en una mortaja de nubes grises que no dejaban ver nada. El avión ya había tocado ruedas y el aterrizaje no había sido suave. Pero ¿que importaba? Ya estábamos en el suelo. En una pista que no se veía, pero en tierra y a salvo”.

Fuente: Por Max Astorga para AeroLatinNews

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