A. Latina debe apoyar la reducción del cambio climático

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Importantes pérdidas agrícolas y en la biodiversidad, fuertes presiones sobre la infraestructura y aumento en la intensidad de eventos extremos, serían parte de los graves efectos que podría sufrir América Latina a fines de siglo, si no se logra un acuerdo internacional para mitigar los efectos del cambio climático.


Así lo arrojó el informe de la Comisión Económica para América Latina (Cepal), ‘‘La economía del cambio climático en América Latina y el Caribe’’, que determinó que el costo del calentamiento global podría equivaler hasta 137% del PIB regional actual para 2100. El estudio, que identifica los impactos económicos del cambio climático en la región, fue presentado este miércoles en el marco de la cumbre climática que se realiza en Copenhague.


Según el informe, se da la paradoja de que aunque América Latina es la segunda región a nivel mundial que menos emite gases de efecto invernadero, después de África, es la que más sufre los efectos del calentamiento global. Es por ello que se requiere con urgencia apoyo tecnológico y financiero de los países desarrollados en sus esfuerzos de adaptación y mitigación del fenómeno.


Los principales efectos.


El estudio agrega que los costos económicos son muy heterogéneos entre los países y regiones, y se observa un comportamiento poco predecible a lo largo del actual siglo. Y si bien algunas naciones tendrían beneficios temporales en sus sectores agrícolas, como consecuencia de aumentos de temperatura menores a 2ºC, y los cambios en las precipitaciones, en el largo plazo predominarían los efectos negativos. Argentina, Chile y Uruguay tendrían efectos positivos en su productividad agrícola si la temperatura aumentara entre 1,5ºC y 2ºC, en el período 2030-2050. Sin embargo, si se traspasa este umbral de temperatura, los efectos serán negativos.


El estudio determinó que con un incremento de la temperatura planetaria superior a 3ºC, algunas regiones podrían perder hasta 30% ó 40% de su biodiversidad. Para 2100 se calcula que en Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay y Perú las tierras degradadas oscilarían entre 22% y 62% del territorio. También disminuirá la disponibilidad de agua, sobre todo en América del Sur. Además, el alza de la temperatura provocaría una caída en las precipitaciones sobre la Amazonía, causando un sustancial deterioro de las selvas.


La variabilidad climática y los eventos extremos harían que hacia 2100 el costo de los desastres climáticos pase de un promedio anual para el período 2000-2008, de casi US$8.600 millones, a un máximo posible de US$250.000 millones. El alza del nivel del mar provocaría desplazamiento de poblaciones y se perderían tierras por inundaciones permanentes. Los pequeños Estados insulares del Caribe se verán muy afectados y podrían desaparecer los manglares en las costas bajas en Brasil, Colombia y Ecuador. Además, las zonas costeras del Río de la Plata estarían seriamente amenazadas.


Emisiones de CO2.


El estudio destaca que la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero en la región no está relacionada con el consumo de energía, sino más bien a los cambios de suelo y la deforestación, la principal causa de contaminación, representando 51%. Se prevé que, de no haber medidas de mitigación, las emisiones de CO2 per cápita crecerán en América Latina y el Caribe a una tasa media anual de 2,3%.


Con esto, antes de 2100 siete países excederán las 19,9 toneladas de emisiones de CO2 per cápita, asociadas al consumo de energía y producción de cemento, que son las que actualmente tiene Estados Unidos. En esa línea, sostiene que es conveniente que la región participe de un acuerdo internacional, aunque debe tenerse en cuenta que la participación de la región tiene una responsabilidad compartida, pero claramente diferenciada en el proceso de mitigación.


América Latina debe mantener un ritmo de crecimiento significativo en las próximas décadas y las emisiones per cápita aún son evidentemente inferiores a la de los países desarrollados, lo que permite un margen de maniobra que debe aprovecharse. Es por ello que, considerando que la demanda de energía seguirá creciendo -advierten los autores del trabajo-, los gobiernos regionales deben tener cuidado de no comprometerse a consumir menos combustibles fósiles.


Las acciones.


Considerando los graves costos y efectos que podrían llegar a la región, la Cepal destaca que es fundamental diseñar una estrategia de política pública regional que permita reducir los impactos más graves del cambio climático.


Entre los principales lineamientos para ello, el organismo destaca la necesidad de preservar la biodiversidad y los recursos naturales para las generaciones futuras; reconocer la necesidad de revisar los estilos de vida y promover un cambio cultural, además de promover la innovación tecnológica para un desarrollo sostenible. Asimismo, plantea la urgencia de transitar hacia economías con baja intensidad de emisiones de carbono, reconociendo que la época de utilización de una energía fósil barata y casi ilimitada está concluyendo.

Fuente: www.americaeconomia.com

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