Avión dará la vuelta al mundo sin combustible

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Un avión impulsado a energía solar partirá el mes próximo de Suiza para realizar su primer vuelo de prueba, con el propósito de circunvalar la Tierra en 2012, sin escalas y sin combustible. “Me intrigó la idea de un vuelo perpetuo”, explicó a Tierramérica el ingeniero mecánico André Borschberg, director ejecutivo y cofundador de Solar Impulse, un proyecto de 100 millones de dólares.


Diseñado para funcionar a energía solar durante el día y con baterías durante la noche, el avión puede permanecer sin pausa en el aire, como una gigantesca golondrina del Ártico, que migra sin cesar entre los dos polos. “La gran lección de los hermanos Wright fue que sin intento no hay logros”, dijo Borschberg en el hangar del aeródromo de la norteña ciudad suiza de Dübendorf, en las afueras de Zurich. Aquí se ensambló el primer prototipo del Solar Impulso, cuyo vuelo de prueba debería realizarse entre octubre y noviembre.


En 1903, los estadounidenses Orville y Wilbur Wright ejecutaron el primer vuelo en aeroplano. “Ellos nunca soñaron con que un avión pudiera cruzar el océano Atlántico, y unos 25 años después (en 1927) Charles Lindbergh voló de Nueva York a París”, dijo. “Esperamos que el Solar Impulse sea un símbolo y cree conciencia sobre nuestro propio uso de energía”, agregó.


El avión Solar Impulse HB-SIA es una delgada ala de 64 metros de largo con cuatro pequeños propulsores, una estrecha cabina para el piloto y el copiloto y una cola en su parte posterior. En el hangar no se diferencia mucho de un gran planeador de papel. Y tampoco parece que cueste 100 millones de dólares. De hecho es en parte un planeador.


Cuando el sol brilla, el Solar Impulse alcanza lentamente una altura de 8.000 o 9.000 metros, y cuando se oculta, comienza a planear, alimentándose de las baterías, y baja a unos 1.500 metros, hasta que el astro sale otra vez, generando nueva energía propulsora y para recargar las baterías. “La clave es la eficiencia: extraer la máxima potencia a partir de la mínima energía, y usar la menor cantidad posible de ella”, explicó Borschberg.


El peso fue el mayor desafío: la estructura es básica y está hecha de un material muy liviano: fibra de carbón. Aunque el ala del prototipo tiene una extensión idéntica a la de un Airbus A340 –un gran avión comercial que pesa 260.000 kilogramos sin carga–, pesa apenas 1.500 kilos, casi lo mismo que un automóvil pequeño. La tecnología solar y las baterías empleadas no son nuevas. Los paneles son delgadas películas adheridas a la parte superior del ala.


Su eficiencia es de sólo 22 por ciento, por lo que tampoco son los mejores del mercado, pero presentan la mejor relación entre cantidad de energía y peso. Buena parte de ese peso lo aportan los 400 kilogramos de las baterías de litio, similares a las de los teléfonos celulares pero con una eficiencia el doble de buena, dijo Borschberg. Los cuatro motores eléctricos generan juntos menos de 10 caballos de fuerza, una potencia similar a la de un ciclomotor.


El avión solar despegará y aterrizará con su propia energía, y se desplazará a 70 kilómetros por hora, muy lento para casi cualquier cosa que vuele, excepto los pájaros. Por eso permanecerá en el aire solamente por su liviandad. Los mejores planeadores tienen un peso de 40 kilogramos por metro cuadrado, el Solar Impulse apenas ocho kilogramos por metro cuadrado, explicó Borschberg. “Con la tecnología existente, esto es lo mejor que puede hacerse”, sostuvo.


A Borschberg, un hábil piloto, y a su socio Bertrand Piccard, un conocido aventurero suizo, les llevó seis años llegar tan lejos. A Piccard se le ocurrió la idea mientras completaba el primer vuelo en globo alrededor del mundo, en 1999, cuando decidió volver a intentar esa aventura sin combustible ni emisiones contaminantes.


Y la justificó aseverando en un comunicado que las grandes proezas del siglo XXI tendrán que ver con preservar o mejorar “la calidad de vida en nuestro planeta”. Más de 70 personas trabajan hoy en el proyecto, incluyendo 50 ingenieros, físicos, especialistas en materiales e informáticos.


El próximo gran obstáculo será el primer vuelo de prueba. Borschberg espera que en 2010 el Solar Impulse se convierta en el primer aeroplano solar en volar día y noche durante 36 horas continuas, sin combustible. Si todo sale bien, la aeronave definitiva se fabricará con el fin de volar alrededor del planeta en 2012, en cinco grandes trayectos de 5.000 kilómetros en cinco días sin escalas. Borschberg y Piccard se turnarán para pilotear cada tramo.


“Ése es el otro gran desafío: pilotear, comer y dormir durante cinco días y noches”, planteó Borschberg. La falta de sueño, incluso en 24 horas, altera las facultades y la percepción. Sin embargo, investigaciones de Solar Impulse señalan que breves siestas de 20 minutos, espaciadas adecuadamente, pueden prevenir estos efectos.


Para no usar despertador, los investigadores han desarrollado una camiseta especial con sensores y un sistema vibrador que puede activarse a distancia, para asegurarse de que el piloto no duerma más de esos 20 minutos. Aunque el proyecto resulte exitoso, Borschberg no avizora una aviación comercial que funcione sólo con energía solar. Ésta “puede ser una fuente complementaria, pero no la veo posible sin algún avance científico muy importante”, dijo.


La Asociación Internacional de Transporte Aéreo se ha planteado el propósito de lograr vuelos libres de emisiones de carbono para 2050. “Ése es un objetivo muy ambicioso”, opinó. * Este artículo fue publicado originalmente el 12 de septiembre por la red latinoamericana de diarios de Tierramérica.

Fuente: www.diariodigital.com.do

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